El cinturón de seguridad

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El cinturón de seguridad salva vidas, eso es un hecho y los números están para demostrarlo. Así y todo, existen conductores que no creen en ello, o bien que no utilizan los cinturones en sus desplazamientos urbanos.

La filosofía y razón de ser del cinturón de seguridad es absorber la máxima cantidad de energía posible cuando sufrimos una colisión. Cuando el coche impacta contra un obstáculo, la energía cinética acumulada en el coche se libera en muy poco tiempo, y eso significa que hay mucha potencia disponible que se emplea en cambiar las cosas: carrocería y cuerpo humanos son dos de esas cosas. Lo que se necesita, para minimizar las consecuencias de una colisión, es que se libere la mínima potencia, y eso se puede conseguir aumentando el tiempo que dura la colisión.

Parece un concepto extraño, pero si la carrocería se deforma y se estruja, estaremos aumentando el tiempo que dura la colisión y liberando potencia en cada deformación y rotura de materiales. Si el objeto contra el que nos empotramos también se deforma, rompe o desplaza, estaremos consumiendo potencia. Si los sistemas de seguridad pasivos funcionan como deben, estarán absorbiendo energía y, por tanto, a nosotros nos llegará la mínima. Para ello son: el airbag y el cinturón de seguridad.

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El cinturón de seguridad funciona bien cuanto más tenso vaya. Es decir, cuanto menos podamos despegarnos del asiento en caso de colisión, mejor. El efecto del cinturón en una colisión es curioso, porque nosotros notaremos una sujeción fortísima, pero si somos capaces de ser consciente en esas décimas de segundo críticas, notaremos que se relaja progresivamente (es decir, aumenta el tiempo de colisión con nuestro cuerpo). Así funciona el cinturón tradicional. Pero si ahora le añadimos pretensores, funcionará mucho mejor.

Los cinturones más seguros son los que más puntos de anclaje tienen. Pero como en los coches de calle estamos limitados a tres puntos, hay que intentar aportar un extra de sujeción de otra forma. Los pretensores del cinturón cumplen una única función muy clara, que es ajustar al máximo el cinturón a nuestro cuerpo, y que éste se mantenga pegado al asiento. Esto sucede de forma muy rápida cuando se detecta una colisión. En ese momento, el “cerebro” de los pretensores lanza la orden de apretar al máximo posible los cinturones, de forma que cuando se produce la colisión estemos seguros al máximo.

Inmediatamente hay que aflojar dicha presión para no aplastarnos literalmente contra la cinta, y se hace de forma progresiva para que los efectos de la colisión sean mínimos. De eso se encargan los limitadores de fuerza. Con esto se gana mucho en seguridad, y si bien puede asustar o molestar el hecho de que el cinturón apriete “de lo lindo”, esto sucede tan rápido y en una situación tan tensa que no le daremos la mayor importancia. Como los conductores somos muy diferentes, muchos sistemas de pretensado hacen una “prueba” al encender el coche para comprobar hasta dónde pueden tensar para garantizar la seguridad, y también para proteger la integridad del conductor.

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